Domingo, 16 de mayo de 2010

Mauricio Magdaleno
Editorial Porrúa S.A.
Segunda edición,
México 1986

Me parece una novela mal escrita, además que su contenido es lamentable. La leí por primera vez siendo muy joven, como a los quince años y sólo recordaba de ella las desgracias que la maledicencia, o mejor dicho los “chismes”, causan al final del libro. El título, por su referencia a un tema de lo más arraigado en la cultura mexicana, el maíz, se me quedó grabado. Husmeando en basares de viejo encontré el libro a diez pesos (setenta y cinco centésimas de euro, más o menos) y lo compré. Lo leí todo ¿por qué lo leí si afirmo que es malo? Simplemente porque los hechos están situados en el período inmediato al final de la etapa armada de la revolución mexicana de 1910 y porque en la presentación se dice que el autor, Mauricio Magdaleno, también escribió una “novela de la revolución” y no conozco ninguna novela de la revolución que me haya gustado. La más famosa, “Los de abajo” de Mariano Azuela, me parece escrita por alguien que no entendió la revolución y la misma novela “Pedro Páramo” que no habla de la revolución directamente, pero que tiene referencias clarísimas a la misma, aunque reconozco que es una joya literaria afirmo que el autor, Juan Rulfo, no tiene ni en esa novela ni en sus demás cuentos nada que se refiera a algo positivo de esa revolución. Se diría, leyendo a Juan Rulfo y a Mariano Azuela que la revolución no le sirvió para nada bueno al pueblo de México y solo empeoró su situación socioeconómica.

Ante un panorama tan desolador en las letras mexicanas respecto a la revolución que yo amo profundamente, a pesar de todas sus derrotas, leí Cabello de elote con la esperanza de que el autor dijera algo positivo sobre ella. No encontré nada. De modo que ya indispuesto contra el libro seguí leyendo en plan de crítico amargado. Ese cariz influye pues en lo que diré a continuación, tal vez con poca objetividad, pero no haré el intento de reprimir mis impulsos.

La trama inicia con un hecho increíble, imposible y fuera de lugar desde el punto de vista literario. Fuera de lugar porque se trata de un libro realista, costumbrista, que pone el origen de la protagonista en un encuentro prácticamente casual, muy mal narrado además, en el que un italiano fecunda a una india sin violencia, sin seducción, sin explicación alguna: entra de noche a la casa de la india huyendo de unos individuos que pretenden matarlo y al día siguiente la india está embarazada, no cuenta más Mauricio. También en forma por demás imposible, la hija nace con ojos azules y pelo totalmente rubio, del color del “cabello de elote”. Si posteriormente la novela se moviera en terrenos mágicos o simbólicos o qué sé yo, imaginarios, míticos o algo así, no tendría ninguna dificultad en aceptar el cuento, como acepto la separación de la península ibérica del continente europeo o la ceguera en blanco de toda una nación o la presentación de un general perfectamente cocinado y aderezado para que lo coman su seguidores en la traición a un dictador. Pero en una novela costumbrista, situada en una época histórica determinada y explícita,  con personajes reales y conocidos por todos en México, pretender que el mestizaje tenga por resultado una niña con dominio absoluto de caracteres recesivos, es demasiado. Pero obviemos ese “pero” biológico. Cuando el autor asigna a la protagonista un comportamiento más parecido al de los italianos que al de los indígenas, basado en sus herencia biológica y no en la cultura mamada de su madre, el tema es inaceptable. Además Mauricio Magdaleno contrapone el “orgullo de extranjero”, que describe en la protagonista, a la autohumillación indígena presente en todos los indios y que amenaza a la protagonista “por su origen”, desconociendo por completo el “orgullo indígena” que tal vez en 1935, fecha de los acontecimientos narrados, no fuera ni muy visible ni festinado por nadie, pero que ya existía como sigue existiendo actualmente.

La novela es pues claramente racista y clasista, aunque contradictoria: el autor exalta y admira a los ricos y a los extranjeros, aunque a veces los critica marginalmente, pero para enaltecer a los mexicanos no indígenas los viste precisamente con las “virtudes” de los extranjeros que en los de afuera medio critica y en los nacionales enaltece, solamente quitándoles a algunos de estos últimos la “deshonestidad”, pero no la voracidad y la explotación de los indígenas y demás peones mexicanos.

Desde el punto de vista de la técnica de escritura la novela también tiene notables limitaciones. Una es la falta de continuidad, pues aparecen y desaparecen los personajes sin explicación. Otra es la debilidad de los personajes, cuyos rasgos no están bien definidos, cambian inexplicablemente y no tienen fundamento alguno.

Quien quiera conocer más sobre lo que es una mala novela, sobre lo que no hay que hacer al escribir, le sugeriría que leyera este libro.


Publicado por el_trampero @ 20:15
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