Lunes, 12 de abril de 2010

Pantaleón y las visitadoras
Mario Vargas Llosa
Punto de lectura, México D.F.
Primera edición en Punto de Lectura: enero de 2006
Tercera reimpresión: octubre de 2009


No es que sea admirador de Vargas Llosa, ni mucho menos, pero se trata de que en este espacio reseñe los libros que leo.

Vagas Llosa como persona me cae muy mal (por lo que conozco de su vida y por su ideología). Como político, si llegara a presidente de cualquier país, en ese momento condenado a la desgracia por tener tal mandatario, sería peor que Calderón o que Fox, aunque sí mucho, mucho más culto que los dos juntos. Pero, ni modo, como escritor es bueno. Algunas de sus novelas me han gustado, por ejemplo “La guerra del fin del mundo”. Otras me han gustado a medias: “La tía Julia y el escribidor”, en donde deja ver su villanía al escribir sobre una persona a la que quiso mucho y “descobija” sin ningún respeto. Y otras, aunque reconozco que están bien o muy bien escritas las repudio por lo que sostiene en ellas, tales son “La ciudad y los perros” y sobre todo “La fiesta del chivo” excelente ésta última en su forma de narrar pero odiosa por muchas razones, entre otras, la defensa del dictador y de sus maestros los gringos, el tibio y errado ataque al dictador, por motivos en verdad intrascendentes, pero ataques que parecen feroces porque al dictador no podía ponerlo como un héroe, lo que bien hubiera querido. Pero aquí se trata no de hacer una reseña de muchos libros, si no del que he leído últimamente, así es que intentaré hacerlo.

Hace unos veintitantos años leí por primera vez “Pantaleón y las visitadoras”. En la primera hora de lectura no entendí nada. Cuando al avanzar descubrí lo que narraban los diálogos y cómo lo narraban, me regresé y comencé de nuevo la lectura que me divirtió enormemente. En aquel entonces me quedé con la idea de que casi todo el libro estaba escrito a base de diálogos y nada más. Habría si acaso una que otra parte escrita como informe castrense.

Hace uno veinte días quería escribir algo únicamente con diálogos y pensé en la novela de Vargas Llosa que comento, para aprender a escribir un cuento usando únicamente diálogos. Por eso compré y leí nuevamente la novela. Si me sirvió o no para escribir diálogos se verá en otra parte y lo juzgará quien lea mis escritos. El hecho es que leí una vez más toda la novela y ahora también me hizo reír mucho.

Pero noté otras cosas: la novela no es tanto diálogo como yo suponía. Sí, lo usa mucho Vargas Llosa y muy bien. Pero también usa otras formas de narrar que redondean la trama del libro. Todos los comentaristas dicen y dicen bien, que el libro es una sátira despiadada de la realidad castrense de Perú y en general de cualquier realidad castrense. Yo afirmo que además Vargas Llosa caricaturiza muy bien otros estratos de la sociedad y señala sus miserias con gran sarcasmo y puntería: los medios de comunicación, la iglesia, los estratos sociales “acomodados” y las clases populares. En fin, muchos son los que pasan por la picota de la burla y el escarnio bien merecido, ellos o algunos de sus aspectos.

Pero lo que a la postre me llamó la atención fue lo siguiente: Los dos personajes centrales en la trama de la novela, el militar Pantaleón Pantoja, y el hermano Francisco, predicador fanático, son casi los únicos que al final de la novela se mantienen coherentes consigo mismos, los únicos que no se traicionan, los únicos que, estando o no de acuerdo como lectores con ellos, son íntegros consigo mismos y por tanto los únicos personajes, para mí, respetables de la novela, además de las prostitutas y tres de sus manejadores. No sé si Vargas Llosa se propuso eso. Creo que no, pero desde mi punto de vista así sucedió: aquellos personajes que quisieron ser los puntos centrales de la crítica y cuyo proceder es el más criticado, son, como personas, los únicos íntegros y coherentes, los únicos honestos consigo mismos. Así de interesante es para mí la dialéctica de la vida.


Publicado por el_trampero @ 19:05  | Ejercicios de ?l
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