S?bado, 26 de septiembre de 2009
Editorial Cal y Arena
Trigésima novena reimpresión, México, 2008


Mi costumbre de leer novela -u otros escritos- va a la baja. El hecho me entristece un poco. Sólo un poco. Han pasado tres meses y no tengo libro leído que reportar. Sin embargo sí he leído e investigado sobre episodios concretos de la historia de la revolución mexicana.

Estoy escribiendo en otro blog (http://sincaminosprevios.blogspot.com) una serie de episodios que pretendo unir a pesar de lo aparentemente caótico de los tiempos y circustancias que cuentan. Básicamente son ficción. Mi intensión es publicar un episodio corto cada ocho días, los jueves concretamente.  Lo he logrado ya por casi tres meses.  Como alguno de esos episodios se desarollan en momentos muy específicos de la revolución mexicana he tenido que investigar sobre el marco histórico de tales eventos para no cometer errores garrafales que hagan increíble totalmente la ficción ya difícil de creer que estoy produciendo.

Como parte de esa investigación leí una buena porción de un libro de historia: A la sombra de la reolucón mexicana, escrito por Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer, ambos con reputación de buenos historiadores. Que el volumen consultado sea la trigésima novena reimpresión habla de lo bien cotizado (sic) de la obra.

Leí ciento diez páginas de las trescientas doce del volumen y dejo asentado que el punto de vista de los autores me parece muy parcial. Ambos autores son serios, hacen buena investigación, escriben bien, en forma interesante, amena, pero solamente hablan de los hechos, los pensamientos y los sentimientos de los que yo llamaría "capitanes" visibles de la revolución, de los personajes, de las personalidades.  Olvidan casi por completo, o mejor dicho ignoran al principal actor de la revolución: al pueblo bajo de México. Buscaba yo en el libro, al consultarlo, si había algo sobre el pensamiento y el sentir de miles de mexicanos (el solo ejército de Villa llegó a tener más de cincuenta mil hombres) que hicieron la revolución y los miles de mujeres que los acompañaron durante todas o casi todas las campañas. Esos miles de campesios, peones acasillados, mineros, artesanos, pequeños rancheros, peones de los ferrocarriles y obreros de las industrias nacientes se fueron a la guerra no por el mandato y menos por la "leva forzosa" de jefes como Madero, Caranza, Obregón, Calles, Villa, Zapata, Orozco o el jefe revolucionario que se quiera, si no porque necesitaban hacer un cambio.

No pedía yo, al conocer por referencias diversas a los autores, que me explicaran cómo fue que los jefes nombrados pudieron representar a los sectores populares que los hicieron; sabía que eso era mucho pedir, pero al menos supuse que me describirían a los miles que "siguieron" a esos jefes. Pero conforme fui leyendo tal pareciera que esos miles no existieran, y entronces ¿quién hizo la guerra? ¡quién sabe cómo venció Carranza a Zapata y a Villa! Claro que el libro  sí dice quién de ellos venció, pero eso nadie lo ignora en México. La obra explica qué pensaban, querían, decían y hacían Carranza, Zapata, Villa, pero se podría creer, limitándose a las opiniones de los autores, que estos tres jefes revolucionarios, sentados en un cuarto vacío -o solitarios sobre sus caballos, lo mismo da- establecieron sus luchas y perdieron o ganaron gracias a sus poderes telquinésicos -o a la fuerza de su magia-. Por ningún lado aparecen los combatientes. Eso hace que el libro sea parcial. Habla solamente de una parte de lo que pasó y no de la más importante.

Publicado por el_trampero @ 8:38  | Ejercicios de ?l
Comentarios (2)  | Enviar