Domingo, 07 de junio de 2009

Mario Benedetti
Nueva Imagen, México, 1979

En la entrada anterior puse 1989 en la edición. Después estuve buscando el artículo que tiene por nombre "El recurso del supremo patriarca" en internet y lo que encontré fueron referencias al libro donde aparece, del cual se dice que data de 1979. No tengo a mano el ejemplar que yo consulté, así es que puede ser alguno de los dos, si es que existen ediciones en esos años, o hasta puede ser un ejemplar editado por otra casa. Al fin de cuentas da igual. También encontré una larga transcripción del artículo, pero solamente en lo que se refiere a la novela "Yo el supremo" de Augusto Roa Bastos.

El artículo al que me refiero -no sé si es ensayo o crítica o qué cosa, pues en literatura no paso de aficionado- dice en su título de qué trata. Efectivamente es un estudio comparativo de tres novelas: "El recurso del método", "Yo, el supremo" y "El otoño del patriarca". Mario dice, con razón, que eso no es solamente un juego de palabras y lo justifica plenamente. Yo sólo leí lo referente a "El recurso del método" y a "El otoño del patrirca". En cuanto a "Yo, el supremo", ahora es para mí una imperiosa necesidad leer la obra cuanto antes, pues Benedetti afirma que "Yo, el supremo", de las tres, es la novela que sale ganando si atendemos a la comparación de cada una de ellas con las anteriores escritas por el mismo autor. Además Mario dice que las tres tienen algo en común, que las pone aparte de otras novelas de dictadores, concretamente "Tirano Banderas" de Ramón María del Valle Inclán y "El señor presidente" de Miguel Ángel Asturias. Dice que las tres primeras tienen un punto de vista narrativo exterior y posterior a los hechos, que les permite una mayor universalidad -al menos eso fue lo que yo entendí. Que Mario Benedetti compare, al nivel que sea, a "Yo, el supremo" -que no he leído- con los otros dos libros que amo profundamente, me impone la novela de Roa Bastos, del cual no conozco niguna obra.

En cuanto a "El otoño del patriarca" Benedetti dice que tiene fallas narrativas, que Gabriel sobrepasó las posibilidades de una novela, que debe ser creíble, aunque sepamos que es pura ficción y que de tan hiperbólica hace que el lector pierda el interés en lo narrado. En lo que a mí toca, en cuanto logré entender de qué iba "El otoño del patriarca" y cómo estaba escrito -lo que en verdad sí me costó-, el libro me fascinó y cuantas veces lo abro vuelve a fascinarme, al igual que una víbora, según cuentan, fascina al ratón que pronto devorará. Uso el verbo fascinar tres veces en dos renglones porque no tengo otra forma de expresar lo mucho que me atrapa "El otoño del Patriarca".

En apoyo a su afirmación, Mario cita uno de los episodios más conocidos de la novela, aquel donde el patriarca presenta a su mejor general, amigo, defensor, médico de cabecera, totalmente cocinado y perfectamente aderezado y lo reparte en porciones equitativas, utilizando el mejor arte culinario, al resto de los complotados en su contra, que esperaba a la vianda -viva, obviamente- para derrocar al dictador, y cínicamente remata deseándeles buen provecho a los asistentes.

Es cierto que para nadie es creible ese hecho tal cual. Mario dice que aunque un caso idéntico se haya dado no es creíble al momento de ser narrado. Totalmente de acuerdo, pero entre otras cosas por eso me gusta tanto la novela, porque a través de narraciones increíbles Gabriel no hace sentir realidades latinoamerticanas que aún vivimos y que para los que no las viven deben ser increíbles. El hecho del general aderezado es una exacta fábula de lo que está pasando en estos momentos en mi país, donde la autoridad nacional más alta impone un castigo de 113 años de prisión a un campesino, acusándolo de “líder”, cosa que no es en México ningún delito tipificado, de una “muchedumbre” que cometió “secuestro equiparado” y no sé bien qué otros delitos. La población, que no muchedumbre, que cometió los supuestos actos delictivos, fue brutalmente reprimida por el poder. Durante la represión muchas mujeres fueron violadas (entre ellas alguna extranjeras, una española si no mal recuerdo) por los policías antimotines que por poco matan, por el maltrato al ser aprehendido, al propio “líder” al que se le ha aplicado la pena nombrada arriba. Todo eso en la población de Atenco, hace dos años. 

Acá nos queda claro que la pena de 113 años es un “castigo ejemplar” para aquellos que se rebelen, así sea un poco, contra el poder cada vez más claramente dictatorial, de una administración federal que llegó al cargo mediante un enorme fraude electoral y pretende “legitimarse” mediante “mano que no tiembla” y apoyo de gobernadores regionales (acá se llaman de los estados federados) públicamente represores de movimientos populares o cercanos a grupos de delincuentes que la autoridad federal defiende acaloradamente. Así pues, la “cena” del generar Rodrigo de Aguilar prefigura hechos como el castigo a quien se reprimió en Atenco acusándolo ¿de qué? ¿de delitos que cometió el represor? Igual de absurdas e increíbles son las dos situaciones, la literaria y la real.


Publicado por mujermentirayel @ 20:27  | Ejercicios de ?l
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Comentarios
Publicado por Mujermentira_la mujer
Martes, 23 de junio de 2009 | 22:26
Si el mismo Benedetti afirma que en "El recurso..." el barroquismo aparece como un exceso del protagonista, finalmente es lo mismo que sucede en el Patriarca. ?Un costal con cocos? ?Miles de costales con cocos?... ?cu?ntos costales se necesitar?an para encostalar todos los cocos de augusto, quien gobern? durante casi treinta a?os?
Me sorprende sobremanera que un poeta critique al Patriarca por increible. Hay m?s verdad en esas mentiras que en las verdades de los peri?dicos o de los noticieros o de los juicios a la gente de Atenco.
Pero qu? vigentes son todos esos viejos modernos.