S?bado, 30 de mayo de 2009

En su magnífica reseña literaria, Luis de Paola nos entrega la siguiente afirmación de Mariano Azuela: 'Descubrir nuestros males y señalarlos ha sido mi tendencia como novelista' (Citado por Marta Portal).


No critico esa tendencia, es más, la creo absolutamente necesaria. Sé que en la naturaleza no existe la perfección y que para mejorar necesitamos descubrir y señalar nuestros males. Los escritoresf uncionales del régimen surgido de la revolución mexicana estuvieron casi totalmente faltos de esta virtud, claridad que es más admirable cuando la descubrimos en Juan Rulfo, que vivió becado por ese régimen. Lo que ya no me gusta tanto es que solamente se señalen males y no se haga un balance señalando también logros. Pero, en fin, hablando de los males de la revolución hay que nombrar también a Carlos Fuentes y su extraordinaria novela “La muerte de Artemio Cruz”. En una primera aproximación diré que mientras Azuela narra los males de los de abajo, de los 'soldados carne de cañón, pobre gente que no fue dueña siquiera del nombre con que los bautizaron' (cita de la reseña de Luis de Paola), Fuentes narra la descomposición de un dirigente medio que terminada la lucha armada empieza a escalar económica, social y políticamente basado en la corrupción, cosa que sucedió tanto que ha llevado a muchos a hablar y escribir de una “revolución traicionada”, como bien apunta también Luis de Paola.

Sobre el libro de Fuentes también diré que desde la primera vez que lo leí me pareció excelente por la forma en que está escrito pues su narrador es el político corrupto que en su lecho de muerte recuerda en forma caótica diversos episodiosde su vida a través de los cuales va dibujando toda una serie de personajes muy consistentes.


Si bien recomiendo “La muerte de Artemio Cruz” no hago lo mismo con la novela  “Gringo viejo” también escrita por CarlosFuentes y que fue usada para una película “joligudense” que por cierto nunca vi. De la novela “Gringo viejo”, que trata sobre Pancho Villa y un norteamericano que lo acompaña un tiempo durante sus campañas militares, no recuerdo casi nada a pesar de haberla leído vez y media, lo que significa que no me dijo cosas ni positivas ni negativas.

Metido a hablar de novelas sobre la revolución no puedo evitar nombrar otra: “La rebelión de los colgados” de Bruno Traven, que si bien no trata sobre temas amplios y generales de la lucha armada o sus consecuencias, sí aclara mucho sobre los motivos que tuvieron los de abajo para levantarse en armas.


Publicado por mujermentirayel @ 21:05  | Ejercicios de ?l
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He leído un muy buen comentario sobre la novela “Los de abajo” de Mariano Azuela. El comentario se publica en un blog escrito en España (http://senocri.blogcindario.com) que obtiene el artículo de la revista “Nueva estafeta”, n° 27 de febrero de 1981. El autor de la opiniones es Luis de Paola, poeta argentino.


En mi entrada anterior anoté que “Los de abajo” es una novela que no me gustó, pero no doy razones para ello ni hablo de cómo está escrita. Sólo digo que se considera clásica y añado con muy mala intención que “por lo menos esa es la fama que corre en México y en los ambientes de educación media”. Después de leer “Azuela o el primer desencanto”, título del artículo que comento, veo que también fuera de México se tiene como clásica. Estoy de acuerdo con Luis de Paola cuando escribe que se ha dicho “con más irresponsabilidad que rigor” que la novela es literatura revolucionaria, y añade: “encuadrar, como se intentó, a la de Azuela dentro de los márgenes del realismo socialista, revela una ligereza de criterio no escasa en aquella época”. No sé fuera de México, pero acá al hablar de la revolución mexicana nadie serio la considera socialista. Hay quien ha intentado encuadrarla dentro del socialismo, pero ese es un intento vano, erróneo y muchas veces malintencionado. La revolución mexicana estuvo, desde su nacimiento, muy lejos de lo que se conoce como socialista. Es cierto que por ahí hubo un pequeño grupo encabezado por los hermanos Flores Magón que conocía de marxismo, grupo que es un antecedente real del movimiento armado y que participó en el levantamiento y en su primera acción militar exitosa, la toma de Ciudad Juárez, que determinó la caída del dictador Porfirio Díaz, pero hay que añadir que fueron el propio Pancho Villa y sus soldados los que poco después desarmaron y disolvieron el batallón de los magonistas. Por lo demás, quienes fueron dirigentes de la revolución en su etapa armada, a lo largo y ancho del país y en muchas ocasiones peleando entre sí, no se sabe que hubieran leído algo sobre Marx o Engles. En todo caso si algunos o alguno leyó sobre el tema no hay indicios de que siguieran sus teorías, fuera de los hermanos Magón y sus seguidores y Felipe Carillo Puerto y el Partido Socialista del Sureste. Figuras como Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Felipe Ángeles, Lázaro Cárdenas, no fueron marxistas ni nada parecido. Calles y Cárdenas, ambos presidentes de México después de la etapa armada, es seguro que leyeron y estudiaron a Marx, a Engels y a Lenin, lo cual no los hizo ni marxistas ni socialistas, aunque Lázaro Cárdenas se acercó mucho a este campo. Sin embargo la revolución mexicana tiene muchos rasgos peculiares. Sin que se le pueda llamar para nada socialista tuvo mucho de social y no fue tampoco, como muchos pretenden, una clásica revolución democrático-burguesa. Los expertos en derecho de acá dicen que fue la primera revolución que dio como fruto una constitución donde se consagraban “derechos sociales” –entendidos como derechos de grupos sociales y no de individuos o personas–, que algunos expertos de la época dijeron que no debían consagrarse en una ley fundamental, pues iban en contra de toda la tradición jurídica mundial. Sin embargo los constituyentes arguyeron que ellos eran fuente de derecho y siguieron adelante. Yo no sé si sea o no cierto que la constitución mexicana fue la primera que consagró tales derechos sociales, pero la primera, segunda o última en hacerlo sí lo hizo y fue un gran triunfo de la revolución. Que esos derechos sociales cada día se vean más atacados no va en contra del triunfo revolucionario de 1917 –fecha en que se promulgó la carta magna vigente.  Que la revolución mexicana no haya sido socialista no quita que tuviera, y los tuvo, objetivos claros en muchos de quienes la hicieron y eso es lo que no se refleja, como bien lo dice Luis de Paola, en la novela de Azuela, que al leerla parecería que nadie haya tenido objetivos en su lucha.


No se equivoca Azuela ni miente cuando pone en boca de uno de sus personajes, como respuesta a la pregunta de “¿por qué pelean?” la respuesta de “mira es piedra cómo ya no se para” dada mientras el guijarro que soltó se hunde en el fondo de un desfiladero. Además el episodio está contado en forma literaria excelente. Pero eso es media verdad, o algo menos, pues si muchos grupos revolucionarios, como también cuenta Rulfo en “El llano en llamas”, pelearon por inercia o por pillaje y barbarie, no lo hicieron así los ejércitos populares de Zapata y Villa ni los generales Obregón y Calles. Estos dos últimos fueron los que a la postre resultaron vencedores en el enfrentamiento de las fracciones revolucionarias.


Aunque no esté plasmado en ninguna novela ni cuento, Villa dejó de luchar y se retiró a completar los logros económicos revolucionarios que había estado buscando con las armas, tratando de llevar al campo, junto a lo mejor de sus soldados, los Dorados, la tecnificación, las mejoras productivas y económicas y la educación escolarizada, hasta que fue asesinado por fuerzas en el poder.


Podrá discutirse y se discute si los objetivos perseguidos por Carranza, Obregón, Calles, Villa o Zapata fueron “buenos” o “malos”, pero no puede negarse que los tenían, al grado que la revolución cambió en poco tiempo y en forma violenta las estructuras políticas, sociales y económicas que existieron durante el porfiriato.


Intento con lo escrito referirme al fondo de la novela y casi no hago referencia a su forma. Personalmente concluyo que sí, el escrito puede ser un “relato épico”, como apunta Luis de Paola, pero no es un reemplazo del poema fundacional, como tampoco acepto que las Crónicas de Bernal Díaz del castillo lo hayan sido. En forma atípica aparece en México el “poema fundacional” revolucionario, y como poema –cuya calidad podrá discutirse– en la enorme cantidad de “Corridos de la revolución”. A este respecto acabo de descubrir en internet la existencia de un libro que recopila 104 de esos corridos y otro con más de 130 dedicados a Emiliano Zapata y su lucha.


Publicado por mujermentirayel @ 15:06  | Ejercicios de ?l
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Domingo, 24 de mayo de 2009

Edmundo Valadés

Releído en internet


Hace diez minutos, más o menos, terminé de leer el cuento titulado "La muerte tiene permiso", escrito por Edmundo Valadés. Antes de sentarme frente a la computadora busqué el libro de cuentos que tiene ese título. No lo encontré en mi exigua biblioteca. Estoy seguro que tuve el libro y me gustaría anotar la editorial y el año del volumen, pero como tengo el vicio de prestar libros, muchos de los cuales ya nunca recupero, no dudo que sea uno de los tantos que he extraviado. Busqué entonces el cuento en internet y lo encontré en las dos direcciones que copio: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/35/pr/pr34.pdf   y   http://libroadictos.yuku.com/forum/viewtopic/id/2507

Hace mucho tiempo leí por primera vez ese relato y todos los demás del libro donde aparece. No recuerdo si eso tuvo algo que ver con mi enamoramiento de la Revolución Mexicana, pero supongo que sí. Hace unos tres o cuatro años me topé con el libro en uno de los estantes del librero de mi alcoba y releí el cuento, que amo profundamente. Hoy, en internet, volví a leerlo y descubrí que está considerado como un cuento clásico sobre la revolución mexicana. No lo sabía. Seguramente hay muchos cuentos sobre el tema y, según se dice, algunos de los famosos son de Juan Rulfo, del que solamente se han publicado dos libros: Pedro Páramo y la colección de sus cuentos titulada "El llano en llamas" por el primero de los escritos ahí publicados.
Es fama en México que Rulfo no escribió más, aunque por ahí circula por lo menos otro cuento "inédito" del autor, que por cierto me gustó mucho y que no trata para nada de la revolución. Debo tenerlo en unas hojas mimeografiadas -¡vaya técnica obsoleta!
(Hasta aquí alcancé a escribir de un tirón. Tuve que hacer una pausa que resultó “mayor”. Han pasado varias horas, tal vez cuatro o cinco, y retomo la escritura)
En esta pausa, tratando de recordar lo que de ficción he leído sobre la revolución mexicana, decidí releer “El llano en lamas” –sólo esa narración–, que vagamente sabía que trataba de la revolución y que no me había gustado las dos veces, al menos, que lo había leído. Como mi ejemplar de Pedro Páramo también tiene los relatos del Llano en llamas no me fue difícil encontrarlo. Vengo de terminarlo y afirmo: aunque la historia describe –y lo hace maravillosamente– desde la mirada de uno de ellos, a un grupo de supuestos “revolucionarios”, perseguidos por el gobierno federal –en contra del cual se hizo la revolución–, lo que se describe es a un grupo de bandidos, asaltantes y revoltosos que no son, ni de lejos, representantes de los grupos o ejércitos revolucionarios. También afirmo que grupos como esos hubo muchos y que es bueno que se cuente sobre ellos, no hay por qué ocultar esa parte de la realidad, pero quien piense que esos grupos son los que representan a los revolucionarios, o desconocen totalmente la revolución mexicana, o son de los hacendados y privilegiados –o sus herederos– a quienes la revolución les suprimió muchos de esos privilegios. En cambio “La muerte tiene permiso”, posiblemente escrito sin el enorme virtuosismo literario de Juan Rulfo, y sin referir una historia del tiempo de la lucha armada, sí resalta y hace sentir algo de lo mucho positivo que la revolución dio al pueblo pobre de México. Logros que no son nada poéticos, ni dulces ni heroicos, si no más bien terribles y duros. Ambos relatos, el llano en llamas y la muerte tiene permiso, tiene como protagonistas campesinos mexicanos, el primero, como dije, levantados en armas sin objetivo claro y sólo para matar y robar a otros campesinos como ellos, el segundo a campesinos pobres que recibieron uno de los mayores logros de la revolución, el ejido –que en México es una institución muy diferente al ejido español, aunque tenga el mismo nombre–, pero no otros beneficios que la misma revolución ofreció al campo –crédito, mejoras tecnológicas, riego, democracia, autonomía ... – y esos campesinos, tiempo después de la fase armada, todavía tienen el impulso revolucionario para conquistar, con métodos duros que algunos reprobarán, algunas reivindicaciones que la fase armada no les dio.
Como apunté arriba, de Juan Rulfo solamente se han editado dos libros, pero ya es costumbre en las ediciones más nuevas reunirlos en un solo volumen, también acá en México.
Al estar comentado ficción sobre la revolución mexicana es imprescindible referirse a una de las novela clásica sobre la misma, “Los de abajo”, de Mariano Azuela. Por lo menos esa es la fama que corre en México y en los ambientes de educación media, donde siempre hay un profesor que obliga a sus alumnos a leerla. Yo no tengo el libro y la verdad es que la leí hace muchísimo tiempo, tal vez hace cuarenta años o más. En aquel entonces no me pareció del todo mala; recuerdo vagamente que el principio me gustó mucho y que poco a poco la historia se va torciendo –como se fue torciendo la propia revolución– de modo que al final la novela no me gustó. Sé que cada vez que hablo sobre esa obra digo que no me gustó, que es muy mala y además, casi sin venir a cuento y sin que eso tenga relación directa con el libro, cito a un descendiente directo del autor, del mismo nombre, que según entiendo es su nieto, que hace unos pocos años, cinco o seis, fue el presidente de la Suprema Corte de la Nación y jugó desde ahí, en muchos casos y aspectos, un papel claramente reaccionario, contrarevolucionario. Sé perfectamente que tratar de unir el comportamiento de un descendiente con un libro escrito antes de su nacimiento es enteramente absurdo, pero eso tal vez explique por qué yo, con un trauma emotivo, no he vuelto a leer la novela. Pero puesto sobre la senda de literatura sobre la revolución mexicana, apunto que “Los de abajo” entra a la lista de libros a leer y comentar pronto, junto a “Los condenados de la tierra”, “Trafalgar” de Pérez Galdós y lo que éste escribió sobre el 2 de mayo de 1810.
Para terminar solo diré que de los libros que he leído sobre la revolución mexicana, sin duda uno de los mejores es “Pancho Villa” de Frederich Katz, que no es ficción, si no historia rigurosa, si la hay, y que yo leí como si fuera una extraordinaria novela de aventuras con final trágico. Pero cuando se ha vivido y trabajado junto a campesinos cuyos padres o ellos mismos pelearon en la revolución, ya en su fase armada o en la fase de la materialización de conquistas escritas en la vigente Constitución de México, el conocimiento que se tiene de la revolución llega por muchas vías que no son solamente las escritas.


Publicado por mujermentirayel @ 6:11
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Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009
Antes de escribir esta entrada, quería revisar la respectiva entrada para "La Hija de Burguer" escrita por él, pero supongo que es de las que se borró en la temporada de brujerías...

Esta novela es un retrato de una época, una situación política determinada, en Sudáfrica. A la vez, es una descripción intimista de los personajes que en ella aparecen.

Al principio me pareció emocionante y triste a la vez. En algún momento me obligó a preguntarme qué significa vivir, realmente vivir. No vegetar en espera de la quincena. No medrar a la sombra de algo. Vivir. Quizá vivir sea un asunto muy simple, donde lo que verdaderamente importa es la gente que está cerca de ti, las relaciones que estableces. Y habrá otros a los que eso no les alcance. Creo que Nadine escribe sobre el tema de las responsabilidades éticas y morales. La pregunta, para mi, es hasta donde debes cargar con el peso del mundo, sin ser atlas o supermán, y hasta donde cada uno es responsable por si mismo, sin ser un cerdo egoísta y triunfador, como el capitalismo nos lo vende. No me voy a poner a resolver eso en un post. Considero a la culpa un sentimiento inútil como los haya, sin embargo, la búsqueda del bienestar personal es una desolación absoluta.  Y también está la tentación eterna de hacer "lo que está en nuestras manos" como si cada ser humano fuera una isla.

Difíciles, los planteamientos de la autora.

escrito por mujermentira.

S?bado, 16 de mayo de 2009

Juan Rulfo

Editorial Planeta, Barcelona, 1975

Trigésima quinta reimpresión (México) 2002

 

La obra tiene fama, al menos aquí en México, de ser la mejor novela escrita por un mexicano. Todo mundo la alaba y se ha llegado a considerar “uno de los hitos de la narrativa hispánica del siglo XX”.

Mis encuentros con ella no han sido afortunados. La primera vez que la leí, hace veinte o treinta años, no entendí nada; ni siquiera me enteré que sus personajes son muertos.

Muchos años después, hace unos cinco o seis, en el curso de un seminario o algo así, un expositor habló maravillas del relato, hicieron comentarios eruditos y encomiásticos muchos de los asistentes, se explicó que uno de los personajes –el principal, tal vez– es un pueblo muerto donde todos sus antiguos habitantes, perros incluídos, han fallecidos hace mucho y van aportando las piezas de la historia y del dolor que ella trashuma.

Me dije, “tengo que volver a leer Pedro Páramo, porque la primera vez que lo hice no entendí nada”. Lo volví a leer y nuevamente no entendí muchas cosas, además no me gustó.

Retomé otra vez la novela hace unos días. En estos últimos cinco años encontré, hasta en otras novelas, referencias elogiosas a Pedro Páramo y diferí del punto de vista de mi hija –treinta años y experta en cuestiones literarias– que ama al libro ¿Por qué no me gustó? fue una pregunta que todo el tiempo de la lectura estuvo acompañándome ¿Qué técnicas literarios utiliza Juan Rulfo en su escrito? ¿Por qué lo alaban tanto? Esta preguntas también me llevaron a reencontrar a Pedro Páramo del que se dice que hasta el lenguaje usado, el empleo de las consonantes, la sonoridad y cadencia de las frases, todo busca el fin que la historia misma persigue.

Ayer acabé la lectura –tercera vez que la hago– y sí, es indudable que el libro está bien escrito. Puse mucha atención y la forma es magnífica, pero hay algo en lo narrado que a mí no me gusta, por más que esté maravillosamente narrado. Tuve mucho cuidado de entender la historia y creo que ahora sí la entendí. Es cierto que refleja muy bien una amplia realidad mexicana, pero afirmo que falta mostrar otra parte inseparable de la misma, que no puede soslayarse sin caer, al menos, en contar una verdad a medias.

Intentaré explicarme mejor. La historia se desarrolla en los tiempos de la revolución mexicana: primera mitad del siglo XX, empleando yo un periodo demasiado laxo. Se trata de un típico latifundista de esos tiempos y de su relación con el pueblo que depende de su latifundio y habla marginalmente de algunos revolucionarios. Al final del escrito, probablemente sin intención de Rulfo, se queda el lector, a causa del trasfondo, con una visión distorsionada de la revolución mexicana.

Sí, ya sé, se me dirá con razón que la novela no es sobre la revolución; que nadie está obligado a tocar todos los temas de una época de la que escribe; que en México hubo muchos lugares en los que no se supo nada de la revolución, cosa que es cierta.  Comprendo además que Rulfo necesitó mucho valor, y eso acrecienta el mérito de su libro, para pintar un aspecto negativo, y real, muy real de la revolución, haciéndolo becado por un régimen político que mitificó y endiosó a esa misma revolución. Sin embargo, a mi en lo personal no me gusta que en una obra literaria, considerada por muchos clásica de la lengua hispánica, sólo se diga lo negativo, muy cierto e innegable, vuelvo a afirmarlo, y ni accidentalmente aparezca nada positivo de esa para mí amada y maravillosa revolución, llena de derrotas, de torpezas, de traiciones, de desviaciones y retrocesos, pero con una luz y unos logros que todavía guían a muchos mexicanos y dan sustento a lo más sano de la patria, el “zapatismo” del sureste mexicano, para continuar la lucha por salvaguardar nuestro patrimonio común, amenazado con ser depredado hasta la extinción.


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Domingo, 10 de mayo de 2009

Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara 2008


En México, los sucesos del 2 de mayo de 1808 son prácticamente desconocidos. Por esos mismos días acá se estaba fraguando la independencia de la entonces todavía colonia de la Nueva España. Cuando estudiamos nuestra independencia en la educación básica sólo aprendemos que España estaba sin rey en 1808 y que Napoleón puso a gobernar a su hermano, conocido como Pepe Botella, lo cual alentó las conspiraciones independentistas, entre las cuales estuvo una que fue sofocada precisamente en 1808, en junio o julio, y cuyo principal promotor amaneció muerto en la cárcel en octubre de ese mismo año. Dicho esto se podrá entender que para mí el libro fue toda una revelación. Además de aprender, la lectura me gustó mucho y me atrapó: en un día lo terminé.


Desde luego el juicio que cada lector haga de los acontecimientos de ese día será muy variable. Serán diferentes las opiniones de los franceses herederos de rancias noblezas a las de los que heredaron los principios de la Revolución Francesa, o a las de los nobles españoles, o de los que tienen en España antecedentes republicanos. Una de las virtudes que le veo al libro de Arturo es que expone diversos puntos de vista sin inclinarse acaloradamente por ninguno. Desde mi punto de vista sí toma partido, pero muy mesuradamente y en forma tan sutil, aunque para mí muy clara, que se puede decir que es imparcial. Según yo Arturo muestra un claro amor por España aunque la critica duramente y manifiesta admiración por los que ese día se levantaron contra los franceses. Para un mexicano convencido de las bondades de la Revolución Mexicana y de lo mucho que nos han hecho y nos hacen avanzar, a pesar de las derrotas inmediatas, todos los levantamientos populares de México, desde las rebeliones mayas de hace ya casi quinientos años hasta el levantamiento de 1968 y las protestas de mayo de hace dos años en San Salvador Atenco,  la resistencia del dos de mayo de 1808 en Madrid también nos es entrañable.


La otra gran virtud del libro es que siendo la narración de los acontecimientos de un solo día y apegados a lo sucedido y muy documentados, son tantos detalles que fácilmente la lectura podría haber sido tediosa y sin embardo Pérez-Reverte acomoda en tal forma los sucesos y los mezcla con tal habilidad que la lectura se me hizo ligera y sumamente interesante. Me parece que hay un extraordinario balance entre la anécdota, la forma y los tiempos de contarla y el dato duro y frío que da seriedad al hecho histórico. Es tan amena la narración que me entraron dudas y me fui a buscar datos históricos en diferentes medios, resultando que lo narrado por Arturo es lo mismo que lo que encontré en descripciones parciales y prolijas de gran aburrimiento.


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Martes, 05 de mayo de 2009

Octavo cuento en el libro “Relatos africanos” de Doris Lessig

 

Ediciones Folio, 2004

 

El cuento narra lo que vive un negro de diez y seis años en un corto periodo de tiempo. El joven es inteligente y ambicioso, nunca ha salido del pueblo donde nació, tiene muchas facultades: salud, fuerza, destreza ... Es rebelde y respeta poco las costumbre de su pueblo, pero no sabe más que de oídas, y muy poco, cómo es la vida fuera de su pequeña comunidad. Tras dudas y una muy bien narrada lucha interna el joven sale del pueblo. El relato abarca a partir de ese hecho unos pocos meses. Cuenta la evolución del personaje en medio de combates y dudas íntimas. Las circunstancias cambian velozmente, el joven enfrenta experiencias desconocidas e insospechadas y su evolución es rápida y llena de tumbos. Hay una gran consistencia en la personalidad y en el desarrollo del muchacho que se ve sumergido en una lucha entre dos extremos que solamente se esbozan. El joven recibe influencias de negros luchadores sociales y de ladrones y asaltantes. Su inteligencia lo hacen atisbar en ambas direcciones y las circunstancias lo empujan materialmente en uno y otro sentido, sin que la narración se desvíe a juicios de valor. En torno al protagonista Lessig nos presenta muchos personajes, abundantes en matices: jóvenes de ambos sexos que jalan al protagonista al crimen; adultos, hombre y mujeres, que lo empujan en uno u otro sentido o que apoya sus actividades delictivas. Todos negros. La escritora logra así pintar muy bien la sociedad que vive en un barrio negro de una gran ciudad de Sudáfrica, en la época más fiera del “apartheid”.

 

Difícilmente un libro de historia haría sentir lo que el relato provoca. Imagino que cualquiera que no hay vivido una realidad semejante, después de leer “Hambre” podrá tener una idea bastante cercana a la realidad de una sociedad como la descrita. Para mí, habitante del tercer mundo, es muy revelador descubrir que los negros de Sudáfrica y seguramente de los otros países africanos, viven en sociedades poco diferentes a las sociedades de los cinturones de miseria de nuestras grandes ciudades, como México Distrito Federal concretamente.

 

Uno de los detalles que más me gustó del relato es que Doris, como ya dije, no hace juicios de valor o éticos, solo cuenta las cosas y deja que el lector haga el resto. Tal vez sólo al final se aventure en el terreno mencionado en éste párrafo.

 

Por último, una reflexión muy personal: cuando se habla de un mundo unipolar siempre pienso que el término es errado; si un polo lo constituyen los pocos dueños de los grandes capitales mundiales y los gobiernos que les están supeditados, el otro lo constituimos los marginados, los segregados, los despojados, los ignorados, los de abajo. El día que nos unamos, ese polo seguramente derrotará al otro.

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Lunes, 04 de mayo de 2009

Octavo cuento del libro “Relatos africanos” de Doris Lessig.

 

Desde hace varios años, no los que me gustaría, estoy convencido que los habitantes de los países antes conocidos como del tercer mundo deberíamos conocernos más, para poder así unirnos y defendernos del saqueo de todo tipo que de nosotros hacen los países que encabezan y usufructúan el sistema capitalista.

 

No soy partidario de un conocimiento frío –sin emociones, sin pasión, sin corazón– y sé que a los estudios sociológicos e históricos hay que añadir conocimientos por otras vías. Como viajar y vivir en varios países no me es posible –falta de dinero y el idioma me lo dificultan– empecé a buscar por el lado de la literatura. De verdad ese campo me ha ayudado mucho, aunque todavía estoy muy lejos de saber lo que quisiera. Así, me acerqué a la India a través de “Los versos satánicos”, a Egipto mediante dos libros de Naguib Mahfuz y a Turquía gracias a “La casa del silencio” y “Me llamo Rojo” de Orhan Pamuk. Fue un fracaso intentar algo semejante con  China a través de Gao Xingjian –“El libro de un hombre solo”– que a pesar de todo algo deja entrever de la parte rural de la China actual entre todo un relato que tan sólo pretende desprestigiar a esa gran nación, hasta el punto de pretender borrar todo su pasado. Haruki Murakami me acercó a Japón, confirmándome lo que ya sabía, que no pertenece al tercer mundo, pero también dejó ver algo de la China del tiempo de la Segunda Guerra Mundial

 

Me faltaba conocer al menos algo de África por medio de cuentos y novelas, aunque Egipto está en África y “La Reina del Sur” (Pérez-Reverte) algo pinta de Argel y países limítrofes. Doris Lessig me facilitó el acercamiento a África, pero sólo he leído “El cuaderno dorado”, que en su primera parte expone la visión de jóvenes blancos que viven provisionalmente en África. Algo muestra, pero no habla casi nada de los pobladores negros, si acaso y poco de algunos colonos blancos y muy poco sobre unos sirvientes negros.

 

En la red di casualmente con el blog de un africano que a partir de encontrarlo lo consulto día a día. El blog y las utilísimas orientaciones de su autor me llevaron a descubrir a Nadine Gordimer. Sólo he leído una de sus novelas que comento más atrás en este blog –“La hija de Burguer”–. El libro me llevó de la mano a conocer algo de Sudáfrica, de su historia, del pensar y del sentir de los blancos que lucharon y/o luchan contra la segregación racial y algo, poco para mi gusto, del pensar y sentir de los negros. Fue en este contexto donde me encontré el cuento que da título a esta entrada y que es la primera narración extensa que leo donde todos los protagonistas son negros.

 

Continúo comentando el cuento en la próxima entrada.


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Doris Lessing. Traducción de Enrique de Hériz

 

Ediciones Folio 2004.

 

La edición que estoy leyendo no dice cuándo fueron escritos los relatos, ni tiene ninguna otra referencia o nota. Buscando información sobre el libro me encontré con que hay al menos tres tomos de “Cuentos africanos” de Doris  Lesing traducidos al español; ya no busqué en qué editorial. En algún comentario leí que esos libros reúnen cuentos escritos entre 1951 y 1975. En la edición que tengo hay un primer “copyright” de 1951,1964 para Doris Lessig, así es que me queda la duda sobre qué cuentos reúne el ejemplar que compré. Al fin de cuentas eso no tiene importancia, los relatos que ya he leído me parecen excelentes. Todavía me faltan de leer los últimos.

 

Los primeros siete cuentos son de entre siete y veintiseis páginas. Pintan diferentes aspectos de la vida rural africana. Los narradores son blancos (colonos) nacidos en África, la mayoría muy jóvenes (alrededor de quince años), solamente un cuento tiene como narradores blancos adultos. Esos cuentos presentan la visión de granjeros blancos o de sus hijos; a través de sus ojos el lector va descubriendo un África que se siente muy real, tanto en lo social como en lo geográfico y biológico. Se cuenta, por ejemplo, como parte de una narración mucho más amplia, el ataque de unas hormigas a un cervatillo moribundo al que matan definitivamente, pero en el contexto de lo que ese hecho motiva en los sentimientos y razonamientos del adolescente que contempla el ataque. Otro cuento narra el trabajo de dos escarabajos observado por la hija de unos granjeros, y hace sentir tanto el clima como la biología africana. En otro de los siete cuentos se habla de dos perros y de ahí brota la presentación de complejas relaciones sociales además de la descripción vívida y hermosa de paisajes africanos. En fin, me parecen muy buenos cuentos tanto en forma como en fondo.


Pero leí el octavo cuento de mi edición. Se llama “Hambre”. Es largo; ciento veintiseis páginas. Me parece una joya literaria. Indiscutiblemente para mí es el mejor de los ocho relatos leídos. Tengo tanto que decir sobre ese cuento que lo dejo para la próxima entrada. Sólo adelanto que todo el cuento está narrado por negros y por tanto trata de lo que ellos ven y cómo lo ven, sienten y viven. Ese es, creo yo, uno de los grandes aciertos del cuento. Los blancos sólo aparecen como referencia o telón de fondo; excepcionalmente aparece un blanco como punto de contraste. Ya diré más sobre el tema.


Publicado por mujermentirayel @ 8:07  | Ejercicios de ?l
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El la entrada anterior desaparecieron misteriosamente muchos espacios entre palabras. Repito la entrada, pues corregirla me parece que no sé hacerlo y causo más problemas.

George Orwell

Editorial Época, México D.F., 2005

Tengo entendido que 1984 es un libro clásico, tan famoso que se habla de realidades “orwellianas” debido a este libro y a su pareja: “La rebelión en la granja”. Siempre he pensado que conviene leer autores y libros clásicos para al menos tener una opinión propia sobre ellos. Por eso empecé a leer 1984. Llegué a la página treinta y cinco de trescientos veintiséis que tiene la edición que comento. Decidí abandonar la lectura. Trataré de escribir las reflexiones que me han llevado a tomar esa decisión.

 

Creo que el libro impacta en las sociedades occidentales –europeas y americanas– porque en ellas hay mucha gente que cree en la omnipotencia, o casi, de las policías, de la represión y del espionaje interno. Aún donde todo el pueblo o gran arte de él odia a las policías, las sabe corruptas, ineficaces, irresponsables, el bombardeo de la televisión y el cine gringo, inglés y francés –no conozco mucho sobre lo que dicen alemanes, italianos y otros– que pintan a los policías como héroes, eficaces y aun envidiables –James Bond, Sherlock Homes, Hercule Poirot y todos los polis y/o detectives gringos de películas y series televisivas como Harry el Sucio y demás– dejan un sustrato que hace creer que efectivamente las policías son eficaces. Bueno, sí lo son, hasta cierto punto, para resguardar el sistema dominante y a los que están arriba en él, pero nunca son tan eficaces como pinta Orwell, al menos al inicio, a los sistemas represivos y de control (policías y métodos propagandísticos) o como nos los han pintado las leyendas sobre la KGB, la Gestapo, los SS, la CIA, el FBI, la policía política de Gobernación, Scotland Yard y demás aparatos semejantes. Es claro que la Gestapo y los SS no pudieron evitar el pensamiento y la actividad libre y soberana de quienes ayudaron a salvar judíos y mucho menos pudieron controlar a la resistencia francesa. La KGB y demás aparatos de control en la época soviética estalinista tampoco mataron ni pudieron controlar todo el pensamiento libre de los pueblos de la URSS. No es que pretenda defender a ninguno de esos monstruos de la represión, el control y el crimen, pero no veo caso de que se magnifiquen hasta pintarlos como todopoderosos. Una policía del pensamiento nunca podrá hacer lo que el capitalismo ha logrado por otras vías. Eso es lo que quiero resaltar: cuando por la fuerza se quiere controlar el pensamiento, mucho gente se rebela, se opone o inventa miles de ingeniosas salidas. El control, aunque se llame totalitario, está en esos casos muy lejos de ser total. En cambio Europa y más notablemente  Estados Unidos han logrado más control del pensamiento sin asustar con policías para vigilarlo; por el contrario, preconizando y aparentando libertad de pensamiento, pero con mucho más sutiles formas, han impuesto un pensamiento único y uniforme, aunque ni así han logrado suprimir los brotes de pensamiento independiente y antagónico. Resulta pues, para mí, que 1984 es “el petate del muerto” con el cual quieren asustarme y con el que solo logran, en todo caso, ocultar lo totalitario del sistema al que para nada toca Orwell. Aunque desde luego algunos sí dan el salto y aplican lo narrado en 1984 como metáfora de la cultura “occidental”.


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Emmanuel Levinas

Siglo XXI editores, 3ª edición, México D.F. 2001

1ª edición en francés 1972

 

¿Qué ando haciendo leyendo libros de filosofía? ¡Quién sabe! pero es bueno hacerlo de vez en cuando, aunque el libro se inscriba en el idealismo filosófico, en tanto yo he optado por la corriente materialista, sin que sea estudioso de la misma.

 

Es interesante y aleccionador leer el libro de un filósofo que intenta en serio y a profundidad encontrar el “sentido de la existencia” que él supone se halla fuera de la misma o es anterior a ella. Tal vez Levinas negará decir eso en su libro pero a mi me parece que el supuesto es muy claro. Los esfuerzos por encontrar ese sentido en el otro, como si uno existiera en sí mismo, solo y aislado, separado de la realidad y de la materia, son enormes y, según yo, infructuosos por que parten de un punto de vista equivocado. Puedo aplaudir los esfuerzos de Levinas, pero ellos me afianzan la conciencia de que la filosofía idealista no es capaz de dar sentido a la existencia sin recurrir a Dios o a un dios o ser previo y exterior a la materia, pero que recurrir a ello mete al pensamiento en un laberinto sin salida.

 

Por ahí Levinas dice –busqué la cita y no la encontré – que no es posible la existencia de los ateos. Sí, claro, es imposible ser ateo si se es idealista filosófico, pero creo que Levinas no ha estudiado al materialismo, que por ahí en las páginas 40 y 41 dibuja como un materialismo muy primitivo y parcial, reducido prácticamente a la economía. Por eso vuelvo a repetir: es bueno leer a los filósofos idealistas modernos, exitosos, afamados y representativos, así no se rechaza al idealismo por consigna o por “dogma” del materialismo, sino, entre otras razones, al corroborar su ineficacia para explicarse la realidad.


Publicado por mujermentirayel @ 7:52  | Ejercicios de ?l
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Estoy triste. Sigo haciendo cosas que no entiendo en este blog. Ahora desapareció la entrada de "La balsa de piedra" y en su lgar apareció una de 2666.

En fin, voy a repetir las tres últimas entradas. Espero no tener más problemas.


Publicado por mujermentirayel @ 7:46  | Ejercicios de ?l
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Domingo, 03 de mayo de 2009
Algo que no me explico está pasando en este blog. Anteriormente lo publicaba utilizando "Explorer" y de pronto empecé a publicarlo a través de "Mozilla". Confieso que no entiendo la diferencia de esas dos marcas, pero algunas tendrán porque de pronto recibí un comentario que no entendí. Hoy, casualmente entré al blog a través de explorer y, sorpresa, no aparecía la última de las entradas que había subido, cuyo título es "Relatos Africanos" y trata de un libro de cuentos de Doris Lessing; en cambio aparecía la entrada anterior con el título cambiado, causando una confusión enorme, pues la entrada habla del libro 1984. El título que yo puse a esa entrada es "1984", pero por alguna brujería que no entiendo el artículo apareció con el título "Relatos Africanos", haciéndome decir una burrada monumental, de la cual pido sinceras disculpas a quien haya leído el blog que ha quedado inexplicable.

Para colmo de males, quise arreglar el problema, abrí el blog con "Mozilla Firfox", en done sí aparecen los artículos como los publiqué y quise arreglar el problema en el que aparece en "Explorer" copiando lo correcto donde no aparecía nada. Lo hice y el resultado fue peor: se borró parte de una entrada anterior y ahora ya no sé bien qué es lo que aparezca la próxima vez que abra el blog. Este aviso lo publico en el blog abierto mediante "Explorer" y no sé cual será el resultado. Por si acaso sugiero que vean este blog a través de "Mozilla Firefox" si les es posible. Si el problema no se arregal, es posible que repita las entradas, aunque aparezcan con fechas diferentes.

Nuevamente pido disculpas por las molesctias causados por una brujería que no entiendo de dónde sale.

Publicado por mujermentirayel @ 16:06  | Ejercicios de ?l
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