S?bado, 30 de mayo de 2009

He leído un muy buen comentario sobre la novela “Los de abajo” de Mariano Azuela. El comentario se publica en un blog escrito en España (http://senocri.blogcindario.com) que obtiene el artículo de la revista “Nueva estafeta”, n° 27 de febrero de 1981. El autor de la opiniones es Luis de Paola, poeta argentino.


En mi entrada anterior anoté que “Los de abajo” es una novela que no me gustó, pero no doy razones para ello ni hablo de cómo está escrita. Sólo digo que se considera clásica y añado con muy mala intención que “por lo menos esa es la fama que corre en México y en los ambientes de educación media”. Después de leer “Azuela o el primer desencanto”, título del artículo que comento, veo que también fuera de México se tiene como clásica. Estoy de acuerdo con Luis de Paola cuando escribe que se ha dicho “con más irresponsabilidad que rigor” que la novela es literatura revolucionaria, y añade: “encuadrar, como se intentó, a la de Azuela dentro de los márgenes del realismo socialista, revela una ligereza de criterio no escasa en aquella época”. No sé fuera de México, pero acá al hablar de la revolución mexicana nadie serio la considera socialista. Hay quien ha intentado encuadrarla dentro del socialismo, pero ese es un intento vano, erróneo y muchas veces malintencionado. La revolución mexicana estuvo, desde su nacimiento, muy lejos de lo que se conoce como socialista. Es cierto que por ahí hubo un pequeño grupo encabezado por los hermanos Flores Magón que conocía de marxismo, grupo que es un antecedente real del movimiento armado y que participó en el levantamiento y en su primera acción militar exitosa, la toma de Ciudad Juárez, que determinó la caída del dictador Porfirio Díaz, pero hay que añadir que fueron el propio Pancho Villa y sus soldados los que poco después desarmaron y disolvieron el batallón de los magonistas. Por lo demás, quienes fueron dirigentes de la revolución en su etapa armada, a lo largo y ancho del país y en muchas ocasiones peleando entre sí, no se sabe que hubieran leído algo sobre Marx o Engles. En todo caso si algunos o alguno leyó sobre el tema no hay indicios de que siguieran sus teorías, fuera de los hermanos Magón y sus seguidores y Felipe Carillo Puerto y el Partido Socialista del Sureste. Figuras como Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Felipe Ángeles, Lázaro Cárdenas, no fueron marxistas ni nada parecido. Calles y Cárdenas, ambos presidentes de México después de la etapa armada, es seguro que leyeron y estudiaron a Marx, a Engels y a Lenin, lo cual no los hizo ni marxistas ni socialistas, aunque Lázaro Cárdenas se acercó mucho a este campo. Sin embargo la revolución mexicana tiene muchos rasgos peculiares. Sin que se le pueda llamar para nada socialista tuvo mucho de social y no fue tampoco, como muchos pretenden, una clásica revolución democrático-burguesa. Los expertos en derecho de acá dicen que fue la primera revolución que dio como fruto una constitución donde se consagraban “derechos sociales” –entendidos como derechos de grupos sociales y no de individuos o personas–, que algunos expertos de la época dijeron que no debían consagrarse en una ley fundamental, pues iban en contra de toda la tradición jurídica mundial. Sin embargo los constituyentes arguyeron que ellos eran fuente de derecho y siguieron adelante. Yo no sé si sea o no cierto que la constitución mexicana fue la primera que consagró tales derechos sociales, pero la primera, segunda o última en hacerlo sí lo hizo y fue un gran triunfo de la revolución. Que esos derechos sociales cada día se vean más atacados no va en contra del triunfo revolucionario de 1917 –fecha en que se promulgó la carta magna vigente.  Que la revolución mexicana no haya sido socialista no quita que tuviera, y los tuvo, objetivos claros en muchos de quienes la hicieron y eso es lo que no se refleja, como bien lo dice Luis de Paola, en la novela de Azuela, que al leerla parecería que nadie haya tenido objetivos en su lucha.


No se equivoca Azuela ni miente cuando pone en boca de uno de sus personajes, como respuesta a la pregunta de “¿por qué pelean?” la respuesta de “mira es piedra cómo ya no se para” dada mientras el guijarro que soltó se hunde en el fondo de un desfiladero. Además el episodio está contado en forma literaria excelente. Pero eso es media verdad, o algo menos, pues si muchos grupos revolucionarios, como también cuenta Rulfo en “El llano en llamas”, pelearon por inercia o por pillaje y barbarie, no lo hicieron así los ejércitos populares de Zapata y Villa ni los generales Obregón y Calles. Estos dos últimos fueron los que a la postre resultaron vencedores en el enfrentamiento de las fracciones revolucionarias.


Aunque no esté plasmado en ninguna novela ni cuento, Villa dejó de luchar y se retiró a completar los logros económicos revolucionarios que había estado buscando con las armas, tratando de llevar al campo, junto a lo mejor de sus soldados, los Dorados, la tecnificación, las mejoras productivas y económicas y la educación escolarizada, hasta que fue asesinado por fuerzas en el poder.


Podrá discutirse y se discute si los objetivos perseguidos por Carranza, Obregón, Calles, Villa o Zapata fueron “buenos” o “malos”, pero no puede negarse que los tenían, al grado que la revolución cambió en poco tiempo y en forma violenta las estructuras políticas, sociales y económicas que existieron durante el porfiriato.


Intento con lo escrito referirme al fondo de la novela y casi no hago referencia a su forma. Personalmente concluyo que sí, el escrito puede ser un “relato épico”, como apunta Luis de Paola, pero no es un reemplazo del poema fundacional, como tampoco acepto que las Crónicas de Bernal Díaz del castillo lo hayan sido. En forma atípica aparece en México el “poema fundacional” revolucionario, y como poema –cuya calidad podrá discutirse– en la enorme cantidad de “Corridos de la revolución”. A este respecto acabo de descubrir en internet la existencia de un libro que recopila 104 de esos corridos y otro con más de 130 dedicados a Emiliano Zapata y su lucha.


Publicado por mujermentirayel @ 15:06  | Ejercicios de ?l
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Comentarios
Publicado por Mujermentira_la mujer
Martes, 23 de junio de 2009 | 22:52
Aunque tu digas que yo soy experta en cuestiones literarias y tu solo eres aficionado (eres tan mentiroso como tus novelistas favoritos), voy a hacer un comentario de aficionada: los relatos fundacionales no los escribe un intelectual de ninguna clase. Los escribe el pueblo (traduzcase "el pueblo" como mejor le parezca, pero creo que da una idea). Y el pueblo encargado de escribir el relato fundacional de la revoluci?n no era un pueblo de leer poemas a la sombra de un olivo, si no de cantar canciones a la sombra de un huizache. Asi que, qu? de raro tiene que el dichoso relato haya salido en forma de corrido.
Ya, que venga un verdadero experto y me despedace, pero me parece una hermosa po?tica explicacion.