Jueves, 19 de marzo de 2009

Roberto Bolaño

Anagrama. Barcelona 2004

 

   De las 1104 páginas de la novela, 522 al menos hablan de personajes europeos. De las cinco partes en que se divide la novela dos están dedicadas a ellos. Lo narrado en esas partes transcurre todo prácticamente en Europa. Una parte, la primera, nos describe la Unión Europea a través de cuatro catedráticos universitarios expertos en literatura. Sería absurdo decir que esos cuatro personajes representan a toda la gama de habitantes europeos, pero Bolaño se las ingenia para, a través de ellos, pintar lo que imagino una buen mayoría de ellos. Si el lector, en este caso yo, toma a los catedráticos como representantes promedio  (¿existen representantes promedio en algún lado?) quedan muy lejos los inmigrantes, de los cuales solo aparece uno fugazmente para pintar las relaciones que con él tienen las “capas medias” europeas.

 

   No conozco Europa ni sus capas medias, pero la novela europea nos da una idea de cómo es su vida. He leído algunas que hablan de los europeos contemporáneos: “Mañana en la batalla piensa en mí”  de Javier Marías, “La hija del caníbal” de Rosa Montero, “La piel del tambor” y “La tabla de Flandes” de Pérez-Reverte, “Las partículas elementales” de Michel Houellebecq, y otras que sin ser “europeas”, o tal vez sí, hablan de europeos contemporáneos, “El cuaderno dorado” de Doris Lessing, “El libro de un hombre solo” de Gao Xingjian, “La hija de Burger” de Nadine Gordimer. Lo interesante es que ninguna de las novelas nombradas contradice lo que pinta Bolaño. Cada una trata temas diferentes; las policíacas o cercanas a eso narran cuestiones que yo llamaría no generales, pues poca es la gente que vive esas experiencias. “El cuaderno dorado” nos describe parte de la sociedad inglesa de la segunda mitad avanzada del siglo XX y Salman Rushdi hace lo propio en buena parte de “Los versos satánicos”. Gao Xingjian, aunque habla poco de los habitantes del “viejo continente” en “El libro de hombre solo”, siendo él mismo absolutamente europeo (al menos eso digo yo) deja clara su visión de Europa, coincidente con la que pinta Bolaño. Pero es sobre todo Houellebecq el que describe en “Las partículas elementales” aspecto de la sociedad en que vive que si no son iguales a los de 2666 sí complementan una visión uniforme del sentir de las capas medias europeas.

 

   Tengo otras razones para afirmar que 2666 tiene una visión certera, profunda, muy cercana a la realidad, de lo que cuenta. En “Los detectives salvajes” Roberto Bolaño entrega la pintura del México de hace unos cuarenta o cincuenta años; describe la juventud que entonces vivía en el Distrito Federal. En ese entonces yo era joven y vivía en esa ciudad y tanto ciudad como juventud descrita por Bolaño coincide con lo que viví y conocí. Deduzco que Bolaño es bueno en pintar realidades: las conoce, las estudia, las analiza, las siente y las dibuja con maestría. Más adelante, en otro comentario a este mismo 2666 contaré como veo la pintura del “oasis de horror” de una ciudad con ubicación y nombre ficticios que todos en México sabemos cuál es, cómo se llama y  dónde está: Ciudad Juárez.

 

Esta entrada ya es muy larga. Espero mañana añadir una más.


Publicado por mujermentirayel @ 21:16  | Ejercicios de ?l
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Publicado por Senocri
Viernes, 20 de marzo de 2009 | 16:04
Pues si es certero con M?xico lo ser? tambi?n con Europa. Sin Duda. A lo mejor me decido as leerlo.
Publicado por BoticaPop
Domingo, 22 de marzo de 2009 | 0:18
creo que es fotogr?fico al captar realides. Esos acad?micos europeos me son tan familiares... y mira que he conocido a un par. Creo que su visi?n de europa es devastadora ?en una ciudad de am?rica latina matan mujeres por montones? all? en europa mataron -sistematicamente- mujeres y hombres y ni?os y homosexuales y gitanos y republicanos espa?oles...
no que eso nos exculpe, claro est?. pero.