Martes, 29 de julio de 2008

Doris Lessing. Punto de Lectura.Traducción: Helena Valentí

 

Un buen libro, con un final decepcionante.

 

Doris tiene una clara visión del tiempo que ha vivido y de la sociedad en que se ha desarrollado. Además presenta y hace que el lector viva los sentimientos de numerosos tipos de individuos, ya sean adaptados a la sociedad o críticos de la misma.

 

Expone con maestría y claridad aspectos generales y anecdóticos de la situación de las colonias inglesas en África a mediados del sigo pasado, incluyendo los puntos de vista y los sentimientos tanto de colonizadores como de colonizados. Esa es la parte que personalmente más me gustó; tiene una gran variedad de personajes, cada uno de ellos con un desarrollo sólido y consecuente de sus modos de pensar y sentir. Algunos de sus personajes son un claro ejemplo de los ingleses imperiales o del imperio colonial inglés; otros son ingleses críticos de tal colonialismo. Hay colonos ingleses representantes de las peores actitudes coloniales y colonos ingleses que se alejan de las mismas. Tiene también, aunque pocos, personajes negros que son un contrapunto a los personajes “blancos”.

 

Tras las narraciones de la etapa colonial Doris utiliza a la protagonista de la novela, una inglesa que vivió de joven en una colonia africana, para trazar un panorama de los grupos de izquierda en Londres en los años de la posguerra. Me fue muy enriquecedora esta parte del libro. La crítica a los partidos comunistas europeos a través de la experiencia de los personajes, la mayoría miembros o exmiembros de partido comunista inglés, me ha hecho entender muchas cosas del comunismo, socialismo y socialdemocracia europeos que no había entendido con el estudio directo de los mismos. Un aspecto muy interesante de la presentación de estos grupos de izquierda es que se hace a través de ojos femeninos, lo que según parece ha puesto al libro, en ocasiones y ambientes determinados, como un manual emblemático de feminismo, interpretación que para mí es equivocada, y que además Doris rechaza definitivamente.

 

Mezcladas con la exposición de los sentimientos de una escritora hacia sus escritos Doris hace fuertes críticas, vestidas con extraordinario buen humor, a los empresarios y/o empresas del cine y de la televisión. Este aspecto del libro me pareció muy divertido, lo mismo que la crítica a todos los que en algún momento afirmamos que queremos hacer literatura (cuanto, poesía, novela). Además me parecen muy enriquecedoras sus aportaciones para quienes hemos pretendido o pretendemos escribir.

 

Hacia el final del libro, digamos en su último tercio, bajó mi interés por su lectura. En momentos se me hizo difícil, debido a que en esta parte Doris explora territorio psicológicos más que realidades sociales “externas”. Lo hace con muy buenas formas y gran tino y, digo yo, con notables aciertos literarios. Utiliza en forma notable el lenguaje para transmitir los sentimientos de sus personajes. Imagino que a quien interesen las realidades psicológicas esta parte del libro les resultará sumamente interesante. A mí se me hizo pesada, aunque reconozca la maestría con que está escrita. En esta última tercera parte Doris utiliza mucho el recurso de los sueños de la protagonista y, tal vez sin razón objetiva, me remitió por ello al estilo de Murakami en su “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, posiblemente porque vengo de haberlo leído inmediatamente antes que a Doris, que desde luego escribió “El cuaderno dorado” con años de anticipación al libro del japonés, que para mí se asemejan en cuanto a ese mundo onírico que pintan, aunque obviamente no haya influido para nada uno en el otro.

 

Por cierto y aunque en esta última tercera parte de “El cuaderno dorado” ya despunta la decepción generalizada de la protagonista con su realidad circundante, nada para mí anunció el final durante la lectura, final que considero malo pues inicia y termina en las tres últimas páginas y no me pareció, ayer que terminé de leer, nada consecuente con el resto del libro. Me quedé con la impresión que se tendría resultado parecido si Doris hubiera decidido terminar el libro metiendo a todos sus personajes en un barco que se hunde a causa de un ciclón inesperado. Hoy, un día después de haber terminado el libro, empiezo a sospechar que el final ya estaba anunciado y fui yo quien no lo quise ver. Como sea, el final no me parece nada bueno aunque, como dije al inicio, no alcanza a empeñar lo que sí me gustó de la novela, que es casi todo.

 

Después de pensarlo un poco concluyo que el final ya estaba prefigurado en la narración que en la primera parte del libro hace Doris de los “finales” de los personajes que vivían en la colonia de África: a uno lo mata sin pena ni gloria y hasta en forma física absurda y a los demás les dedica una o dos frases para aclarar cómo terminó o siguió su vida fuera de la colonia, con esos antecedente no debería haberme sorprendido negativamente un final tan abrupto y, sigo sosteniendo, inconsecuente. Todo eso me hace pensar que los finales ya no le importaban a Doris desde mediados del sigo pasado.


Publicado por mujermentirayel @ 20:23  | Ejercicios de ?l
Comentarios (1)  | Enviar