Edmundo Valadés
Releído en internet
Hace mucho tiempo leí por primera vez ese relato y todos los demás del libro
donde aparece. No recuerdo si eso tuvo algo que ver con mi enamoramiento de la
Revolución Mexicana, pero supongo que sí. Hace unos tres o cuatro años me topé
con el libro en uno de los estantes del librero de mi alcoba y releí el cuento,
que amo profundamente. Hoy, en internet, volví a leerlo y descubrí que está
considerado como un cuento clásico sobre la revolución mexicana. No lo sabía.
Seguramente hay muchos cuentos sobre el tema y, según se dice, algunos de los
famosos son de Juan Rulfo, del que solamente se han publicado dos libros: Pedro
Páramo y la colección de sus cuentos titulada "El llano en llamas"
por el primero de los escritos ahí publicados.
Es fama en México que Rulfo no escribió más, aunque por ahí circula por lo
menos otro cuento "inédito" del autor, que por cierto me gustó mucho
y que no trata para nada de la revolución. Debo tenerlo en unas hojas mimeografiadas
-¡vaya técnica obsoleta!
(Hasta aquí alcancé a escribir de un tirón. Tuve que hacer una pausa que
resultó “mayor”. Han pasado varias horas, tal vez cuatro o cinco, y retomo la
escritura)
En esta pausa, tratando de recordar lo que de ficción he leído sobre la
revolución mexicana, decidí releer “El llano en lamas” –sólo esa narración–,
que vagamente sabía que trataba de la revolución y que no me había gustado las
dos veces, al menos, que lo había leído. Como mi ejemplar de Pedro Páramo
también tiene los relatos del Llano en llamas no me fue difícil encontrarlo. Vengo
de terminarlo y afirmo: aunque la historia describe –y lo hace
maravillosamente– desde la mirada de uno de ellos, a un grupo de supuestos
“revolucionarios”, perseguidos por el gobierno federal –en contra del cual se
hizo la revolución–, lo que se describe es a un grupo de bandidos, asaltantes y
revoltosos que no son, ni de lejos, representantes de los grupos o ejércitos
revolucionarios. También afirmo que grupos como esos hubo muchos y que es bueno
que se cuente sobre ellos, no hay por qué ocultar esa parte de la realidad,
pero quien piense que esos grupos son los que representan a los
revolucionarios, o desconocen totalmente la revolución mexicana, o son de los
hacendados y privilegiados –o sus herederos– a quienes la revolución les
suprimió muchos de esos privilegios. En cambio “La muerte tiene permiso”,
posiblemente escrito sin el enorme virtuosismo literario de Juan Rulfo, y sin referir
una historia del tiempo de la lucha armada, sí resalta y hace sentir algo de lo
mucho positivo que la revolución dio al pueblo pobre de México. Logros que no
son nada poéticos, ni dulces ni heroicos, si no más bien terribles y duros.
Ambos relatos, el llano en llamas y la muerte tiene permiso, tiene como
protagonistas campesinos mexicanos, el primero, como dije, levantados en armas
sin objetivo claro y sólo para matar y robar a otros campesinos como ellos, el
segundo a campesinos pobres que recibieron uno de los mayores logros de la
revolución, el ejido –que en México es una institución muy diferente al ejido
español, aunque tenga el mismo nombre–, pero no otros beneficios que la misma
revolución ofreció al campo –crédito, mejoras tecnológicas, riego, democracia,
autonomía ... – y esos campesinos, tiempo después de la fase armada, todavía
tienen el impulso revolucionario para conquistar, con métodos duros que algunos
reprobarán, algunas reivindicaciones que la fase armada no les dio.
Como apunté arriba, de Juan Rulfo solamente se han editado dos libros, pero ya
es costumbre en las ediciones más nuevas reunirlos en un solo volumen, también
acá en México.
Al estar comentado ficción sobre la revolución mexicana es imprescindible
referirse a una de las novela clásica sobre la misma, “Los de abajo”, de
Mariano Azuela. Por lo menos esa es la fama que corre en México y en los
ambientes de educación media, donde siempre hay un profesor que obliga a sus
alumnos a leerla. Yo no tengo el libro y la verdad es que la leí hace muchísimo
tiempo, tal vez hace cuarenta años o más. En aquel entonces no me pareció del
todo mala; recuerdo vagamente que el principio me gustó mucho y que poco a poco
la historia se va torciendo –como se fue torciendo la propia revolución– de modo
que al final la novela no me gustó. Sé que cada vez que hablo sobre esa obra
digo que no me gustó, que es muy mala y además, casi sin venir a cuento y sin
que eso tenga relación directa con el libro, cito a un descendiente directo del
autor, del mismo nombre, que según entiendo es su nieto, que hace unos pocos
años, cinco o seis, fue el presidente de la Suprema Corte de la Nación y jugó
desde ahí, en muchos casos y aspectos, un papel claramente reaccionario,
contrarevolucionario. Sé perfectamente que tratar de unir el comportamiento de
un descendiente con un libro escrito antes de su nacimiento es enteramente
absurdo, pero eso tal vez explique por qué yo, con un trauma emotivo, no he
vuelto a leer la novela. Pero puesto sobre la senda de literatura sobre la
revolución mexicana, apunto que “Los de abajo” entra a la lista de libros a
leer y comentar pronto, junto a “Los condenados de la tierra”, “Trafalgar” de
Pérez Galdós y lo que éste escribió sobre el 2 de mayo de 1810.
Para terminar solo diré que de los libros que he leído sobre la revolución
mexicana, sin duda uno de los mejores es “Pancho Villa” de Frederich Katz, que
no es ficción, si no historia rigurosa, si la hay, y que yo leí como si fuera
una extraordinaria novela de aventuras con final trágico. Pero cuando se ha
vivido y trabajado junto a campesinos cuyos padres o ellos mismos pelearon en la revolución,
ya en su fase armada o en la fase de la materialización de conquistas escritas
en la vigente Constitución de México, el conocimiento que se tiene de la revolución
llega por muchas vías que no son solamente las escritas.