Octavo cuento en el libro “Relatos africanos” de Doris Lessig
Ediciones Folio, 2004
El cuento narra lo que vive un negro de diez y seis años en un corto periodo de tiempo. El joven es inteligente y ambicioso, nunca ha salido del pueblo donde nació, tiene muchas facultades: salud, fuerza, destreza ... Es rebelde y respeta poco las costumbre de su pueblo, pero no sabe más que de oídas, y muy poco, cómo es la vida fuera de su pequeña comunidad. Tras dudas y una muy bien narrada lucha interna el joven sale del pueblo. El relato abarca a partir de ese hecho unos pocos meses. Cuenta la evolución del personaje en medio de combates y dudas íntimas. Las circunstancias cambian velozmente, el joven enfrenta experiencias desconocidas e insospechadas y su evolución es rápida y llena de tumbos. Hay una gran consistencia en la personalidad y en el desarrollo del muchacho que se ve sumergido en una lucha entre dos extremos que solamente se esbozan. El joven recibe influencias de negros luchadores sociales y de ladrones y asaltantes. Su inteligencia lo hacen atisbar en ambas direcciones y las circunstancias lo empujan materialmente en uno y otro sentido, sin que la narración se desvíe a juicios de valor. En torno al protagonista Lessig nos presenta muchos personajes, abundantes en matices: jóvenes de ambos sexos que jalan al protagonista al crimen; adultos, hombre y mujeres, que lo empujan en uno u otro sentido o que apoya sus actividades delictivas. Todos negros. La escritora logra así pintar muy bien la sociedad que vive en un barrio negro de una gran ciudad de Sudáfrica, en la época más fiera del “apartheid”.
Difícilmente un libro de historia haría sentir lo que el relato provoca. Imagino que cualquiera que no hay vivido una realidad semejante, después de leer “Hambre” podrá tener una idea bastante cercana a la realidad de una sociedad como la descrita. Para mí, habitante del tercer mundo, es muy revelador descubrir que los negros de Sudáfrica y seguramente de los otros países africanos, viven en sociedades poco diferentes a las sociedades de los cinturones de miseria de nuestras grandes ciudades, como México Distrito Federal concretamente.
Uno de los detalles que más me gustó del relato es que Doris, como ya dije, no hace juicios de valor o éticos, solo cuenta las cosas y deja que el lector haga el resto. Tal vez sólo al final se aventure en el terreno mencionado en éste párrafo.