Soy profesor de banquillo, según papeles con estudios para impartir física y/o química en secundaria. He impartido más clases de biología a adolescentes entre 12 y 15 años que cualquier otra cosa. Pero soy lector fanático de novelas. De pronto encuentro que en un grupo de mis alumnos actuales, uno de esos libros motivo de mi fanatismo ha sido leído tal vez por la cuarta parte, o algo más, de ellos. La novela en cuestión tiene 500 páginas y algunas adolescentes me cuentan que la han leído cinco o más veces.
¿Qué leen mis alumnos con tanto interés? Tenía que saberlo y conseguí el libro prestado por uno de ellos. La novela se llama “Crepúsculo. Un amor peligroso” y es obra de Stephenie Meyer, editorial Alfaguara, traducida por José Miguel Pallarés.
¿Qué decir del libro? Primero lo obvio: es un libro de literatura juvenil norteamericana … y ya no quisiera decir más. Sin embargo añado: leí de corrido hasta la página 300 y de ahí en adelante en diagonal. Dada la capa social donde se mueven mis actuales alumnos entiendo por que les gusta la novela. Salvo por mi trabajo, y a pesar de él, no me identifico con la capa social aludida. La novela es ágil y tal vez tan fantasiosa como lo fueron en su tiempo mis libros de juventud escritos por Julio Verne, aunque el tema sea totalmente diferente.
Mientras tanto esperó en mi escritorio, con estoicismo y comprensión, un libro maravilloso, del cual ya había leído casi la mitad: “La hija de Burger”. Me sigue esperando como un gran amigo tolerante y paciente. Acudiré a él. Espero comentarlo pronto en estas líneas.