José Saramago. Punto de lectura. 2a. edición 2004
Traducción: Basilio Lozada
Es un libro triste, muy triste. Pero entrañable para mí. Lo he leído por segunda vez.
La primera vez que lo leí tuve todo el tiempo como trasfondo al campo de mi país, al Alentejo de mi patria. El libro me hizo valorar una vez más y con nuevos argumentos, nuevas miradas, la revolución mexicana de 1910. Los latifundios de México anteriores a ella están muy bien narrados en “Levantado del suelo”. Cambiando algunos detalles, tales como un conquistador español (Hernán, digamos) en lugar de Lamberto Horques Alemán, los latifundios son iguales. Pero a partir de 1910 el campo mexicano se transforma casi como lo cuenta Saramago al final de su relato.
Esta segunda lectura la hice tratando de no pensar en la revolución mexicana. La novela, con una narración fuerte, precisa, amorosa, poética a ratos, es triste, muy triste, pero sigue dejando, como acostumbra a hacerlo Saramago, una vía de esperanza. El autor comenta en la cuarta de forros: “También del suelo puede levantarse un libro, como una espiga de trigo o como una flor brava. O un ave. O una bandera. En fin, ya estoy otra vez soñando. Como los hombres a los que me dirijo.”
Termino pirateándome la frase de un hombre muy conocido, aunque no podamos verle el rostro: “¿Cuál es la velocidad del sueño?” (Subcomandante insurgente Marcos)