Como es lógico, ésta, que es la primer novela de Arturo y de la que confiesa que la escribió cuando todavía no sabía que más adelante iba a escribir novelas, no tiene el nivel de las escritas con posterioridad. El uso del lenguaje ya es muy bueno: Arturo llevaba unos 20 años escribiendo reportajes de guerra y el oficio de escribir está presente en todo el libro. La descripción de escenarios y el dibujo de personajes son excelentes. Aunque en el protagonista se realizan cambios vertiginosos éstos son perfectamente lógicos y congruentes con la personalidad del personaje central y con los acontecimientos que vive. Sin embargo algo no me funcionó muy bien; los acontecimientos se suceden tan aprisa, que el cambio así narrado resulta algo chocante. Cierto, lo acontecimientos no podían ir más despacio y el cambio es totalmente lógico, pero la narración parece tener un corte seguido de un desenlace abrupto. Yo no tengo ni idea de cómo resolver literariamente esa situación, pero Arturo, en los otros libros que de él he leído, no vuelve a repetir nada por el estilo.
Lo más notable del libro es la visión de la guerra que presenta Pérez-Reverte, la pinta sin compasión alguna, pero sin odio, tal como la ve. Prácticamente es la misma visión, con resultados similares, cada vez más ricos, que la que pinta en muchas de sus novelas posteriores, desde la saga del Capitán Alatriste hasta El pintor de batallas. En ello encuentro gran consistencia, claridad, maestría. Uno de los mejores ángulos de Arturo que ya desde este libro aparece en toda su magnitud.