viernes, 22 de junio de 2007
Un legionario romano destacado en Judea poco después del año 30 d. C. vigila el camino que conecta a la villa de Gadara con su cementerio. Un día presencia un exorcismo efectuado por un joven rabino errante. La versión más compleja de esa historia viene en el Evangelio de Marcos (Mr 5: 1-20). Describe, desde el punto de vista del legionario, al endemoniado de Gadara y su curación en un máximo de 1, 000 caracteres incluyendo espacios.

- He, he, he - la risa alegre de Tarquio saltó en medio del estruendo de cientos de puercos que corrían enloquecidos hacia un lago y se precipitaban en él.
- ¿De qué se ríe, centurión? Lo que pasa es una tragedia. Vea la pérdida de los dueños.
- ¡No importa!, los dueños no son romanos y lo que hacen el loco y el joven que lo sigue no tiene nada que ver con nosotros.
- Pero hay que detener al loco que azuza a los animales por culpa del rabino que lo sigue.
- Tranquilo, legionario, el que persigue al loco no es rabino, aunque también debe estar loco. O por ser judío no quiere a los puercos. Pero quién sabe qué gritan los dos, con los chillidos de los animales no se les entiende nada.
- Oiga, centurión, detenga a esos dos. Están matando a mis dos mil puercos ¿Quién me los va a pagar?
- No exagere. Eran muchos puercos, pero no llegaban ni a quinientos. Además poner orden en eso no nos toca a los romanos. Vaya y pida ayuda a sus autoridades. Y no me esté molestando, que ya es hora de mi comida.
Publicado por Desconocido @ 6:02  | Ejercicios de él
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Publicado por El...
sábado, 30 de junio de 2007 | 6:56
Dijo mi hijo, el grande, después de haber leído el relato, que ese centurión no era tal, si no un policía defeño.
¡Extraordinario comentario! Yo lo sospechaba desde un principio, pero no lo quería aceptar. Me obligaba a creer que un romano del siglo I podía hablar como Poncho Gómez.