Así que les cuento.
Con frecuencia salgo del metro en la estación Hidalgo. En una salida de la línea azul, la más lejana, con frecuencia hay un hombre sentado en el piso: toca la guitarra y canta. Creo que para que a uno le vaya bien en la vida, tiene que ser bueno en lo que hace o hacer algo para lo que es bueno, que en fin no es igual pero es lo mismo. El hombre de la salida del metro canta bien, pero no sólo técnicamente bien, hay en su voz alma y personalidad. Es un hombre de edad madura, no sé, cuarenta y muchos. Desaliñado. Sentado en el piso tocando su guitarra con un placer que yo quisiera para todos y cada uno de mis dias de trabajo. Por caja tengo un sarape, por cruz mis dobles cananas, y escriban sobre mi tumba mi ultimo adios con mis balas. Ay, ay, ay, corazon! porque no amas. Eso cantaba el primer dia que le vi. Hoy sábado, media tarde. Que triste fue decirnos adios, cuando nos adorábamos más. Ni josé josé lo hacía tan triste. Le di un par de monedas y doble la esquina del pasadizo. Ahi, fuera de su vista, me quedé hasta que terminó la canción. Esta ciudad es tan hermosa a veces.