sábado, 26 de mayo de 2007
Así que les cuento.

Con frecuencia salgo del metro en la estación Hidalgo. En una salida de la línea azul, la más lejana, con frecuencia hay un hombre sentado en el piso: toca la guitarra y canta. Creo que para que a uno le vaya bien en la vida, tiene que ser bueno en lo que hace o hacer algo para lo que es bueno, que en fin no es igual pero es lo mismo. El hombre de la salida del metro canta bien, pero no sólo técnicamente bien, hay en su voz alma y personalidad. Es un hombre de edad madura, no sé, cuarenta y muchos. Desaliñado. Sentado en el piso tocando su guitarra con un placer que yo quisiera para todos y cada uno de mis dias de trabajo. Por caja tengo un sarape, por cruz mis dobles cananas, y escriban sobre mi tumba mi ultimo adios con mis balas. Ay, ay, ay, corazon! porque no amas. Eso cantaba el primer dia que le vi. Hoy sábado, media tarde. Que triste fue decirnos adios, cuando nos adorábamos más. Ni josé josé lo hacía tan triste. Le di un par de monedas y doble la esquina del pasadizo. Ahi, fuera de su vista, me quedé hasta que terminó la canción. Esta ciudad es tan hermosa a veces.
Comentarios
Publicado por El...
sábado, 26 de mayo de 2007 | 22:35
Cazaste letras, palabras y sobre todo ideas y sentimientos atrapados en las primeras.
Más bien cazaste sentimientos e ideas con letras y palabras usadas como redes o lazos tejidos con arte.
No será un ejercicio propuesto para el concurso de la UNAM, pero barre a los escritos de los doce magníficos.
El ejercicio bien podría ser: "Escribe un relato posmoderno sobre un hecho de tu vida cotidiana. No hace falta contar una historia, aunque pueda estar implícita. Extensión máxima: mil noventa caracteres con espacios"
Publicado por otravezel
sábado, 26 de mayo de 2007 | 22:47
Este chunche no acepta glosas de más de mil caracteres, al menos por ahora. Lo cual tal vez esté muy bien. Por eso añado lo siguiente:

Comentario presuntamente técnico: Redacción y sintáxis, perfectas. La entrada nos relata un hecho cotidiano. Trasmite/despierta sentimientos. El relato es hermoso. Presenta algo supuestamente trivial desde una mirada original y le pone trascendencia al asunto.
Por un error de dedo (tiene un espacio de sobra al final de la entrada) está escrito con mil noventa letras y espacios, exactos. Apoya en los hechos la propuesta de Gabo de suprimir acentos y demuestra que nadie leerá "diás" por "días", ni "ultímo" por "último", ni "ádios" por "adiós"