Allá adelante se oye el estruendo de una nave espacial que despega y música épica. A pesar del dolby digital y todo eso, si alguien se sentase junto a los dos adolescentes alcanzaría a escuchar sus babas, babas que se mezclan, que viajan de una boca con brackets de metal a otra, escurren, el sonido de un apasionadísimo beso. También escucharía, bastante cerca, el crujir de unas tortillas para nachos. Luego, un pedo. Quien se levantase para salir metería el pie en un charco de pepsicola fria.
Mujer.