martes, 22 de mayo de 2007
Odio el ruidito del ventilador. Runrún runrún. Pero si apago el ventilador se apaga la luz. Mi frente topa con el borde frio del lavamanos. Antes de sentarme, le pico al interruptor y se apaga la luz. Hago pipi que rico y me pregunto si el olor molestará a la siguiente. Yo no lo percibo. Demasiada cerveza. A oscuras no encuentro el papel, así que me pongo de pie otra vez y tanteo la pared, por ahi donde la memoria inmediata me dice que debe andar el interruptor. Lo encuentro. Runrunrun, joder, como me molesta el ruido del motorcito. Pero ya veo el papel. Tres cuadritos son suficientes. He terminado y por supuesto, no hay jabón. Güacala. Ahora, para salir, hay que pasar de ladito como bailarina de ballet. El tutu no cabría. Apago la luz y pienso: que necesidad habia del runrun si de todos modos el baño de este bar apesta a pastilla de lavanda.
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